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Sonó el despertador. Como siempre. A la misma hora.
Y como siempre estaba increíblemente cansada. Otra noche sin dormir lo debido. Una noche más. Encendí el televisor. También como siempre. Me gustaba despertar oyendo al mundo. Y eso que con noticias tan terribles; no era posible comenzar un nuevo día con ilusiones, habiendo escuchado desde primera hora las cosas que ocurrían . Pero yo era así. Y esto era simplemente una costumbre. Me duché. Casi no me apetecía. Era imprescindible que el próximo invierno lo pasara con calefacción, pero este era uno de los muchos planes que todavía estaban sin cumplir... calefacción, ventanas, muebles... volverme responsable. Es que eran demasiados planes para las 7 de la mañana. Y, a estas horas el único plan que se puede tener es de no volver a llegar tarde de nuevo. Me sentía perezosa, no quería ir al trabajo. Ni ver de nuevo las caras de siempre. Ni hablar con la misma gente. Ni ser creativa. Ni ser responsable. Me apetecía vaguear y quedarme el día en la cama. Quizás para comprobar simplemente que el mundo seguía y que yo en esta ocasión era la única persona que se había parado. Por lo menos, durante unos instantes. Volví a la cama de nuevo. Siempre hacía lo mismo. Me quedaba ensimismada viendo el televisor y pintándome un poco. Para cubrir los efectos de una noche en la que no había dormido demasiado. Pero en este día, algo era distinto. Me fijé en las noticias y en esta ocasión no hablaban ni de Irak, ni de terrorismo, ni de violencia doméstica. Antes de echarme la base de maquillaje, intenté comprender lo que estaba escuchando. Las imágenes mostraban el cielo. Y se turnaban noticias de los distintos corresponsales que trabajan en las principales capitales del mundo. Todas las cámaras apuntaban al cielo. De pronto, el teléfono sonó. Me asusté un poco. Era mi madre. - Has oído las noticias? Hija, creo que hoy no deberías ir a trabajar. - ¿Qué pasa? , le respondí. - Hija, están hablando desde primera hora. Resulta que no se sabe ni cómo ni por qué, pero esta noche ha desaparecido la luna. - Qué???? Exclamé. Jajajajaja. Eso es imposible. A ver mamá, cómo va a desaparecer la luna... Será una broma. - No creo. Bueno, ya veremos lo que dicen, pero de momento, las informaciones que tienen desde los distintos observatorios, es que la luna ha desaparecido. No se sabe como. No hay satélites, ni misiles. Nada de nada. Es como si nunca hubiera existido. Me asomé a la ventana después de colgar. Miré al cielo. No observé nada extraño. Todo era igual que siempre. Volví hacia la cama para seguir mirando las noticias. La información de mi madre era cierta. No era 28 de diciembre. El mundo estaba en alerta. Quien nos podría asegurar que si hoy había desaparecido la luna, no podríamos ser nosotros los siguientes? Me sentía desconcertada. No sabía si ir a trabajar, si aprovechar y quedarme en la cama. No tenía ni idea. Pero me decidí a llamar a una compañera y acudir al trabajo como siempre. Realmente, ese día nadie trabajaba. Estábamos nerviosos, alterados... Nos faltaba una referencia clara para saber como actuar. El día trascurrió... Y al llegar la noche. Fue como una noche más. Me asomé a la ventana a ver el cielo. Y de pronto....la vi. Estaba allí. Como casi siempre. La noche era clara y se veían además algunas estrellas. La vista era preciosa. Respiré profundamente. Y pensé en cómo era posible que las personas creyeran que había desaparecido la luna. Yo podía notar en ese instante su aroma, su luz, su calma. Estaba segura de que me miraba y que incluso me sonreía como siempre. Como yo lo hacía con ella. Me sorprendí entonces pidiéndole un deseo. - Luna, no desaparezcas nunca. No dejes que me encuentre sola y no tenga a quien pedirle un deseo. Estate ahí. Mírame siempre como tú solo sabes hacerlo. Guarda mis secretos. Fui de nuevo a la habitación. Estaba a oscuras. Como siempre la cama deshecha, la luz de una vela, y ropa sin recoger. Me tiré en la cama. Estaba contenta. La luna no se había ido. Seguía ahí contemplando mi vida. Cuando miré el televisor, me sorprendió que siguieran con la misma noticia. Parecía que la luna no había aparecido. ¿Cómo era posible que se viera desde mi ventana? Volví a asomarme. Ella estaba allí. La historia me parecía una locura. Mi ojos eran distintos? Era una broma de los terroristas? El mundo se había vuelto loco? O quizás la luna tenía más vida de la que nosotros creíamos? Mientras me encontraba absorta en estos pensamientos, me di cuenta de una cosa. No sólo había sido un día especial porque la luna había desaparecido. Hoy ya no se hablaba de guerras, de armas, de gobiernos, ni de economía. Solo se hablaba de la luna. O de su ausencia. Era bonito, no? ¿Era un juego o una ilusión? En el fondo, lo importante era que todo el mundo por un día se encontraba mirando al cielo. Entorné los ojos, y me descubrí en una sonrisa entreabierta. Tomé aire, respiré profundamente y la observé de nuevo. Esta noche, cuando vayas a acostarte. Asómate. Mírala. Obsérvala. Y recoge todo el aire que puedas. Sólo por si algún día no puedes verla. Quizás descubras entonces que lo más importante de todo es su recuerdo. Así siempre permanecerá en tu cielo. |
ES UN RELATO DE UNA CHICA AMATEUR.LO CUELGO PORUQE SE LE VE MUCHO CARIÑO.PARA TODAS LAS LUNERAS QUE VISITAN EL BLOG
LA PINTURA ES "LUNA EN NUEVA YORK DE O`KEEFE

10 jul 2007 | 12:07 PM
gracias:)