
-¡No quiero ir a la escuela!- dijo Mare desde su cubil. -¡El uniforme no me cierra!- gritó y rompió en sollozos. Cuando su madre subió a verla con el desayuno en las manos, Mare tenía puesto su uniforme y estaba acostada en la cama llorando. La madre no entendía qué pasaba: -¡Pero Mare!, El uniforme te queda bien. Si quieres cuando vuelvas del colegio le corremos el botón un poco, por si sientes que te aprieta. Por ahora toma tu desayuno y apúrate que vas tarde - dijo la madre. Pero ella no entendía, no entendía nada, el uniforme no estaba bien, el cuerpo de Mare no estaba bien, nada le quedaba, su cuerpo estaba escurrido y regordete. El espejo no mentía, sus ojos no mentían. Los chicos del salón tenían razón, estoy gorda.
Salió corriendo de su cuarto tomando la decisión que cambiaría su vida para siempre: “voy a bajar de peso”. El desayuno quedó sobre la cama.
DIETA DE LA FRUTA
Siguiendo esta rigurosa rutina durante 15 días lograrás el cuerpo que siempre has deseado. Recuerda que debes rehusar a comer entre comidas y debes alternar esta dieta con ejercicio diario.
En la mañana:
Un trozo de queso
Un poco de papaya
En la tarde:
Un pedazo de piña
Una manzana
En la noche:
Es indispensable acostarse con el estómago vacío, esto evitará las pesadillas y el aumento de peso, pues el cuerpo no digiere eficazmente durante la noche.
IMPORTANTE: Deberá olvidarse el consumo de “comida chatarra” como papas fritas, bebidas gaseosas, helados, galletas y pasabocas, con alto contenido de colesterol, grasa y calorías.
La DIETA DE LA FRUTA se convirtió en la Biblia de Mare, la siguió al pie de la letra durante los 15 días estipulados. Consiguió que su madre la inscribiera en un gimnasio (de hecho su mamá estaba encantada con la idea, pues Mare nunca había sido muy apasionada, y además nunca la había visto tan emprendedora y segura de sí misma) hacía rutinas diarias larguísimas y extenuantes, que la convirtieron en la más orgullosa deportista, además de la más esbelta.
Y pues, gracias a estos tan inesperados resultados que la convirtieron en la popular Mare, la chica decidió continuar hasta después de los estrictos 15 días. “Mas y mejor” ¿Lo han escuchado alguna vez o lo han sentido en lo profundo de su mente, de su voluntad? Mare lo escuchaba todos los días, aunque un poco distorsionado, “menos es mejor” por lo cual un día dejó de comer. Seguía asistiendo al gimnasio y también había decidido tomar clases de natación. Sus padres nada raro notaron pues la veían intensamente activa y feliz, quería hacer muchas cosas y sobresalir en todas. ¿Qué de malo podría haber en eso?
Mare conocía cada vez más chicos. Interesada como estaba en demostrarles a todos y a todas que su cuerpo era el mejor, salía con cuanto chico se le acercaba y se encargaba de que todos pudieran decir algo bello de su cuerpo. El espejo, su fiel compañero, aquel que no mentía ¿lo recuerdan?, Bastante miope sí era. Era el único que no veía sus ojeras, el dolor en las rodillas, el menudo pelo que empezaba a crecerle indiscriminadamente por todo el cuerpo, la comida desperdiciada, la soledad y la depresión. La culpa, esa culpa que la perseguía y que corroía lentamente todo su organismo, su mente, todo su yo. Un hueso tras otro fueron apareciendo tras de su piel cristalina y diáfana: primero las costillas, luego los huesos de la cadera, después su mandíbula, los huecos de su cráneo, todo en ella se hacía claro y al mismo tiempo efímero.
Convertida lentamente en un zancudo (un pequeño insecto larguirucho y espigado, que se contentaba con una gota de zumo de limón en un litro de agua), con sus extremidades largas y opacadas, su rostro escondido tras un mar de ojos, mucho pelo y un cuerpo traslúcido, volaba y se escondía tras de las puertas de su casa, bajo las cobijas de su cama. Pero frente al espejo era ella, solo ella, delgada y consumida, pero feliz.
- ¡Mamá, tráeme la crema verde!... Si, en el baño al lado del papel higiénico.- La madre estaba consternada, hasta un poco angustiada, por el comportamiento de su bella y acabada hija. Asistía a fiestas, celebraciones, espectáculos, reuniones y aniversarios. No paraba en la casa, pero cuando estaba allí, ella ya casi no le veía, a menos que fuera un día como hoy en que necesitaba de su ayuda para aplicarse su gel verde para adelgazar. ¿Adelgazar qué? Se preguntaba la madre, pues su hija se había convertido en una bella y grácil mariposa.
Un gusano regordete que camina despacio, que tiene un pequeño cerebro, que se alimenta cada vez que puede, un gusano era Mare. Ahora es una bella mariposa, lívida, vaporosa y frágil que se entrega al suave arrullo del viento, que batalla fuertemente al entregarse al agua de su piscina, que lucha enormemente por mantener un bocado de comida en su boca, una suave mariposa que disfrutaría de un solo y gran día de vida.
Había un sueño recurrente, pesado y voluptuoso, que la pobre Mare soportaba todas las noches, desde el día en que sobrepasó el tope de los quince días.
Acababa de tomar su desayuno cuando sintió que el último bocado le quemaba las entrañas, desde la boca y bajando hacía la garganta, pasando por la laringe y la faringe, arrasando la piel de su estómago y desembocando terriblemente en su fangoso intestino grueso, para luego diluirse lenta y dolorosamente en su intestino delgado. Sentía que todo iba a parar a su útero, que este crecía de una manera desmesurada, lenta y asquerosa, de manera que se regaba o resbalaba sobre su piel como cera líquida y caliente. Se convertía lentamente en un pedazo de su yo que no podía controlar y, mientras impotentemente observaba aquel suceso, lo mismo iba pasando con su estómago; las costillas se abrían y agrietaban para dar paso a ese pequeño órgano que pesadamente se escurría sobre su propio cuerpo. Sentía mareo y un horrible dolor de cabeza, las náuseas acudían en su ayuda y lánguidamente sus mejillas se convertían en dos pedazos de carne colgantes a cada lado de su rostro... ¡Engordaba desesperadamente!
Sus extremidades se hinchaban lentamente, la piel se ponía tensa y dura, aguantando la fuerza de esa grasa que se acumulaba torpemente en sus brazos y piernas, alterando cada línea, cada curva, de esas que Mare había formado con tanto sacrificio. Al ver como su cuerpo iba deformándose, se sentía cada vez más poseída por ese animal, ese animal lento y voluminoso, un Gigante, para lo que debería ser en realidad. ¡Volvía a ser un gusano!.
Debatiéndose tristemente entre ser gusano y mariposa, a Mare se le acabó el tiempo. Su día llegaba al final. La pobre niña enferma y exinanida ya no aguantaba más. Las ojeras ocupaban más de la mitad de su rostro. No podía mover ninguna de sus extremidades sin sentir ese roce doloroso y reseco que retumbaba dentro de sus débiles huesos. Se le evaporaba la vida por cada uno de los poros de su piel y nadie hacía nada por ella. Nadie veía su lucha interna por mantenerse como mariposa y seguir siendo siempre solo un vil y sucio gusano.
El relato esta firmado por DYADA
El dibujo es de HECTOR ULISES SALAS de 6 años de edad.
"MUCHACHAS"

19 ago 2007 | 12:16 PM
Ufff. Terrible!