Oz

- ¿Qué camino me lleva a casa, señor Legislador?
- No sabría decirte, niña. No tengo cerebro. Mejor pregúntaselo al Presidente.

- ¡Señor Militar, ayúdeme a encontrar el camino a casa!
- No me compliques la vida. Me falta un corazón. Pídeselo al Presidente.

- Señor Informador, ¿conoce el camino a casa?
- No puedo hablarte, niña.Tengo miedo. Busca al Presidente.

- Señor Presidente, ¿cómo regreso a mi granja?
- Conmigo no gastes el tiempo. Soy el farsante de la película.

A las cinco de la mañana

Entré en mi alcoba y hallé esta nota en el suelo del recibidor:

Espero que me esperes y que aguardes suspensa (llegará la hora, y el día, y la flama) y yo recogeré mis piernas reposadas, me henchiré de aire con profuso ahínco para caminar sin lógicas, escaso de peripecias, tan sólo firme, y ciego, y loco de atar, hasta ese suelo feraz, hasta ese campo tuyo, más allá de la divisoria estría que ahora nos parte.

Inmediatamente me hice del teléfono y llamé a la recepción. El empleado del hotel me dijo que no me preocupara y durmiese tranquilo:

-No se trata de ningún pervertido, señor. En su habitación pena el Poeta desde hace treinta años. Se lanzó de la azotea de este edificio cuando su novia lo dejó por un jinete.
-¿Que lo dejaron por un jinete? No puede ser. Esos son todos unos enanos.
-Cierto. Pero si no me equivoco, al Poeta le faltaba una oreja.

SANTIAGO R.

Pintura de Quisbel Lezcano Blanco."El camino de casa"