Cuando sólo las calles están puestas,
las siluetas se insinúan
bajo la luz indiferente
de las farolas, que agoniza
sobre el asfalto húmedo,
conocidos que miden las distancias
caminan arrastrando
sus vidas destartaladas,
blasfeman, miran con piedad
o se abrazan a su propio vértigo.
Sólo las calles están puestas,
el eco acompaña los pasos,
las miradas se cruzan con recelo
y somos sólo extraños
que deponen las armas
a la primera sonrisa

MARIA JESUS SOLER ARTEAGA.