
No quiero cerrar la puerta. No me gusta el ruido que hace.
Me quedo sentada en el suelo, acurrucada contra la pared, procurando ocupar poco espacio, ser muy pequeñita. Desaparecer estaría bien. Desaparecer hasta que vuelvas.
Creo que me he estado engañando todo este tiempo, mientras pensaba que mi corazón no entendía de amor. Me gustaba pensar que era dura como una roca, me gustaba mostrarme fría e indiferente, reirme de quienes me suplicaban una mirada, una sonrisa… Dios mio, cuantas sonrisas habre abortado solo por parecer distante e inalcanzable…
Un dia de otoño, me diste la mano y sin darme cuenta, bajé de mi roca. Me dejé besar y mi duro caparazón de hielo se derritió rápidamente, dejando un penoso charco en el suelo. Cada día, desde entonces, busco tu mano entre todas, y solo sonrio cuando la encuentro. Te busco y mendigo una sonrisa tuya, una palabra…
Y cada día te vas, sales por la puerta sin mirarme, sin ver si me quedo triste o si te echo de menos.
Y yo siempre dejo la puerta abierta. No me gusta el ruido que hace al cerrarse.
ALICIA AGUADO
Pintura de Francisco Suarez."La puerta de los sueños"

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