Éramos Thelma y Louise,

dos brujas al volante de pelo bermellón

frente a la carretera.

Carne de guía Campsa,

la pareja de hecho

que no legalizara el gobierno;

dos nacionalidades y un idioma mestizo,

otro nuevo esperanto.

Tras rollos de película

se acabó la road-movie

y quiso separarnos el viejo continente.

Tú estabas en Colonia olvidando mi acento;

yo en la hermosa ciudad

que visitan los guiris.

Llegó la discusión, examen de reválida

de todo lo que cuesta una misa

o nunca sucedió.

La pasamos con nota

olvidando las dos el cuaderno de quejas;

Las guerras que no quieren ganarse

mejor abandonarlas sin bajas

no sea que tengamos que empuñarlas

contra nuestros recuerdos.

Tantos anocheceres viendo el telediario

(dos mil cascos azules arreglando

un suelo castigado por una obcecación)

y alguno no ha aprendido

a firmar armisticios cuando vale de algo,

cuando cuatro verdades bien dichas

salvan a un presidente en las urnas,

cuando los tribunales

no deben dirimir si nos compramos

un yate o un jacuzzi

con el dinero ajeno.
ANABEL CARIDE de su poemario "INVENTARIO DE DESHAUCIOS"

Pintura de Indra Murugarren."Mujeres sentadas".