
Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.
Frank Kafka
Pintura de Yates Hurlstone Frederick."Sancho panza atendido por el medico de su insula"

2 dic 2007 | 09:05 AM
interesante.
que tengas un bonito domingo
un abrazo amigo.
2 dic 2007 | 11:05 AM
Yo disfrutaba leyendo a Don Quijote que estaba loco como una cabra. Quizá la respuesta esté en un termino medio en el que te puedas soltar de tanto en tanto como Don Quijote sin olvidar tu punto de partida que es Sancho pero... ¡ lo que disfrutaba el hombre visionario montándose y viviendo sus propias películas...!
Un beso
2 dic 2007 | 12:14 PM
Todos tenemos algo de Don Quijote en nuestra persona, aunque casi siempre somos Sancho Panza, pero de vez en cuando nos desmelenamos y soñamos con peleas entre molinos.
Un beso Fernando