
Las curvas de su cuerpo hacen juego con sus ideas en espiral, es hipnotizadora. Sus gestos se clavan en quien la mira, puedes saborear una bebida exótica de inocencia y malicia si eres el elegido para poseerla.
Ella salta entre realidades vitales y misterios futuros, se dibuja en su mirada el embrujo de paisajes oníricos, matarías por quedarte a vivir perpetuo, atado y perplejo, justo en el hueco de su sonrisa y respiración.
Elige siempre tres palabras, las adecuadas, justas y ciertas, para dar respuesta a tu inquietud y deseo secreto y a ti no te queda más remedio que rendirte y confesar que no tienes otro pensamiento que no sea el buscar el significado expresivo de ese eco, dejándote náufrago huérfano en cualquier cueva húmeda de tu inseguridad. Y dices, no, no debo embarcarme en esta relación dañina y ella dice, cobarde no tienes más que una vida. Y caes, caes sin red en la tentación, dejas el escaparate frívolo de su teatro, para adentrarte en la conquista del resto de sus encantos.
Tintinea la puerta y dices al dependiente:
-Esa palmera de chocolate me está mirando,….
- Se la envuelvo o se la lleva puesta?
- La quiero en una caja de seguridad extrema refrigerada.

Los comentarios están cerrados