
Yo no tengo editor. De todas formas hay que salir a buscar uno, ¿o no? Me pongo mi mejor tenida. Me perfumo. Esta noche sí que encuentro a uno. Me pongo una camiseta ajustada, una falda hasta las rodillas, botas y unas panty rojas. Delineo mis labios y luego me aplico un rouge barato, que traje del Persa Biobío. Acá en Barcelona no debe ser demasiado difícil encontrar a un editor. Mal que mal, muchos lo han encontrado y no han tenido que volver a repetir la frase: yo nunca encontré a un editor en Barcelona. Al contrario. Llegan a sus países latinoamericanos y dicen: yo ya tengo mi editor en Barcelona y miran de reojo, por sobre el hombro y ejecutan una sonrisita entrecortada, que los delata como perfectos sudacas.
Esta noche iré a buscar a mi editor. Pero antes me perfumaré. Pero antes de perfumarme me doy un baño de espuma y me masturbo en la tina. Antes de eso me saco la ropa. Antes voy a la cocina y me preparo un plato de comida. Antes camino por Carrer de Gigna’s directo al supermercado a comprar la materia prima para mi cena. Me detengo en un semáforo. Está en verde para los peatones. De todas formas miro para ambos lados. No viene nada. Voy lentamente cruzando la acera y veo que se viene sobre mí un automóvil. Dobla en la esquina a toda velocidad. Me golpea, me arrastra, me tira lejos. Caigo. Pierdo la conciencia, pero antes siento un sabor a saliva con sangre en la boca. Mucha saliva y nada más. Como un vómito de sangre que se devuelve, que me ahoga y me deja sin respirar. Pero antes de llegar a esa esquina paso por fuera de la casa de Alejandro y recuerdo que hace unos meses me preguntó por qué no me buscaba a un buen amante antes de andar preocupada de encontrar a editores por la vida. Le dije que encontrar a un amante es algo simple. Siempre encuentras a uno, aunque sea de tu gusto o no, pero siempre lo encuentras. Es deplorable que siempre andes en busca de un editor, cariño. ¿Por qué no te dedicas a buscar un hombre que te alimente?
Antes de pasar por la casa de Alejandro me pregunto una y otra vez por qué no tocarle el timbre y decirle: OK, quiero que seas mi amante, ya no necesito editores en esta ciudad, sólo necesito un buen amante como tú y terminar teniendo un hijo tuyo y vivir para siempre contigo. Pero antes camino por la plaza San Jaume y paso por la casa de Martina y le pido un consejo, le muestro mi situación actual. Le digo: Martina, querida, sucede que estoy entre buscarme un amante o un buen editor. Me dice de lo absurda que es mi problemática, que realmente no sabe por qué son situaciones incompatibles, que puedo tener ambas a la vez. Le digo que no puedo gastar mi energía en las dos cosas, que por eso debo ir a perfumarme, a ponerme mi mejor tenida y salir esta noche a los bares de Barcelona a buscar al mejor editor. En los bares sólo encuentras a lolitos que han venido de sus países a echarse un buen polvo, sólo encontrarás a un amante o dos o tres si quieres, me dice. No lo creo, le digo, pero antes, apenas llego a su casa, ella me recibe con un gran abrazo. Pero antes paso por la casa de Manuel, que vive en
Pero antes de subir a su piso estoy en la calle caminando, pero antes estoy detenida en el umbral del edificio donde vivo esperando el autobús, pero antes estoy en el ascensor y un chino me habla en chino y le digo con señas que no le entiendo chino, pero antes estoy en el salón de mi casa conversando con mi madre por teléfono y me dice que por qué no la visito, y recuerdo el cuento de
Claudia Apablaza nació en 1978. Ha publicado el libro de cuentos “Autoformato” (Lom Ediciones, 2006). El 2005 ganó el Concurso de Cuentos de la Revista “Paula” con “Mi nombre en el Google”, el cual fue publicado, junto con los demás cuentos finalistas, por el sello Alfaguara. Actualmente reside en Barcelona gracias a la pasantía que obtuvo del Fondo Nacional del Libro y la Lectura para escritores en el extranjero. Este cuento pertenece al libro de cuentos inéditos “Consejos XD”.

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