
Cuando uno es chico quiere ser cosas estupendas. Como a la santidad, todos estamos también llamados a la estupendez. Nadie aspira a ser una medianía, nadie espera ser tirado al cubo de la basura. Ni de lejos habría imaginado nadie responder a la pregunta “tú de mayor que quieres ser” con la frase “lo que sea con tal de poderle dar cuanto más dinero mejor a un banco despersonalizado para así poder dormir bajo techo”.
Con los precios por día de la hipoteca acercándose cada vez más al precio de una habitación de hotel en temporada baja la pregunta de qué quieres ser de mayor se hace cada vez de peor gusto. “Un puto esclavo” o bien “un porculizao amargao y neurótico que sobrevive tratando de pensar lo mínimo” es cada vez más una respuesta atractiva. Qué más da lo que deseemos cuando no lo podemos conseguir en modo alguno?
Antes los niños decían que querían ser azafatas o toreros o toreros azafatas, esa exótica mezcla. Ahora quieren ser magnates de la construcción, traficantes de droga como su hermano o bien motoristas, tenistas o motoristas de agua y tenistas pero de la familia real. O una combinación, que es una cosa que se puede dar mucho.
Se puede perder el contacto con la realidad, de forma total, y recuperarse sólo de tanto en tanto, una vez cada veinte años, como en el cuento aquel pero en la realidad. Y ése es mi consejo de hoy, queridos niño. No desperteis jamás, esos cinco minutos de lucidez no valen la pena.
Ilustracion de Santiago Gutierrez.

3 feb 2008 | 04:49 PM
jejjeje...buen consejo para poder vivir en la "estupendez"!!
3 feb 2008 | 10:28 PM
Que hermoso...