Este año cuando vea a La Borriquita en la calle me acordaré de Sevilla. Y no es que yo sea de los que prefieren la Semana Mayor de la capital andaluza. No. El trabajo me obligará otra vez a permanecer allí hasta el mediodía del martes santo. El lunes se hará eterno con el recuerdo de Medinaceli, Ecce-Homo y Afligidos recorriendo nuestras calles, Para llenar este vacío me iré a buscar el compás del Caifas de Triana. Lo descubrí hace tres años cruzando el puente. La cuadrilla de San Gonzalo encandila. En la Campana y El Baratillo hay que verlo para creerlo. Y es que en algunos momentos del recorrido uno cree estar en La Isla. Ocurre cuando quienes van debajo optan por abrir el paso, abandonando el estilo costalero y cargando como aquí. Y que coincidencia. Alternando ambos estilos consiguen los mayores aplausos del pueblo de Sevilla. Es por eso que uno sigue sin entender las tesis que los "importadores" defienden con beligerancia integrista. Debe tratarse de algún virus intolerante que les lleve a la negación de la evidencia, la amnesia cultural y la defensa a ultranza de todo lo que viene de fuera en detrimento de lo nuestro. Esa intrasigencia, que les hace intentar cambiar nuestro particular lenguaje cofrade, recoger los pasos de espaldas al pueblo y traer bandas de música que desconocen nuestros ritmos, supone de hecho una catarsis que implicaría la pérdida total de memoria en las últimas generaciones.
Al paso de Humildad y Paciencia me acordaré del Libi. Y es que su cuplé del "wondrebrá" de la Macarena me parece tan provocativo e innecesario como las tesis que defienden con demagogia y autosuficiencia los acomplejados defensores del centralismo cofrade que pululan por nuestra tierra. Pero eso si, estaba en su derecho. Y en uso de su libertad cantó lo que le vino en gana. Sin embargo, nadie se ha escandalizado de las letras que las agrupaciones carnavalescas han dedicado a los Testigos de Jehová y del uso de la figura de Buda en una carroza de la cabalgata. Así que, aunque nos moleste, por respeto a todas las confesiones y credos debemos ofrecer la otra mejilla. Lo contrario es un exceso. La copla del Libi forma parte del juego que la Iglesia inventó en el medievo para que los desahogos de Don Carnal acaben sucumbiendo ante Doña Cuaresma. Y sacada de contexto -dos semanas del año enlas que los gaditanos demostramos que existe la libertad de expresión-, ha suscitado una gratuita polémica intercultural e interprovincial que delata que un sector de nuestra sociedad sigue sin enterarse del sentido de aquel razonamiento genial de Fernando Villalón: "El mundo se divide entre Sevilla y Cádiz". Y además sólo en este rincón del mundo sabemos mezclar celebraciones tan antagónicas. A ese privilegio no debemos renunciar.Mi Domingo de Ramos desembocará en Columna. Este año, cuando compruebe que el agua no tiene apellido, recordaré a mi tío Nicolás. Me han contado que los cántaros de la cuadrilla aparecerán huérfanos ante el pueblo y desnudos de procedencia. Dicen que son exigencias de la Junta de Gobierno de la Cofradía, que quiere que nuestra cuadrilla sea conocida como la de Columna.Me parece una manipulación histórica que no conseguirá imponerse a la memoria colectiva. El pueblo no renunciará a sus recuerdos. La cuadrilla de Nicolás ha renacido gracias al reto del Domingo de Ramos, pero Columna jamás había creado más expectación en la calle que desde que el NENE dirige sus pasos.
Solo el equilibrio convierte en duradero cualquier compromiso y borrar el nombre de Nicolás, ya que su legado es imposible, no me parece un asunto menor. Cada uno en su casa y Dios en la de todos. La cofradía debe respetar la denominación de origen de la cuadrilla que la ha revalorizado ante el pueblo y, como hace años con JCC, asumir que en cualquier momento los hombres de CARRILLO serán requeridos por otras hermandades. Y no pasa nada. La exclusividad es el modelo de carga y ese sello no se lo puede atribuir ninguna cofradía. Y además, los retos de la hermandad deben ser otros. Estas actitudes vienen a dar la razón a esos obispos andaluces que critican a las cofradías por haberse olvidado del apostolado cristiano y centrar sus esfuerzos en la apariencia. En definitiva, se trata de una cuestión de identidad y a estas alturas creo que pase lo que pase la cuadrilla ya no se quedará sin pasos, y su mejor aval será precisamente su ADN de medio ganchete. Lo dice la tradición. Al final de este viaje será el pueblo soberano el que ponga las cosas en su sitio y de a Nicolás lo que es de Nicolás.
MANOLO CASAL
Publicado en Boletín "Medio Ganchete" de la Cuadrilla de Nicolás Carrillo. Año 1995.
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