En ese instante, todos supimos que jamás volveríamos a vernos. A mamá se le cayó la copa de vino y miró a papá que ya estaba apartando su plato con temor. El tío Juan se levantó y se fue corriendo al cuarto de baño. La tía Elvira se desmayó. El abuelo me guiñó un ojo y añadió: "¿Verdad que tiene un sabor agridulce así mezclado con el cordero? ¡Buen provecho y Feliz Navidad querida familia!". Después se dirigió a mí para decirme: "Tú no busques chatina, que a ti no te he echado". "Ya lo sé", contesté, "pero yo a ti sí".

CLAUDIA MUNAIZ