A Don Euríbor y sus cruzados políticos
Si no es mía,
no será de nadie.

Puede obrar el tiempo
su ruina, niña consentida
de mi indulgencia,
y caerse a pedazos
por mugre e injusticia.

Rejas lapidan ventanas de
casas devenidas en cárcel.
Por puerta lucen un muro
que les aborta en yeso
hasta el paso del aire.

Albergan:
ratas y palomas
-el olor que dejan-
especuladores de la vivienda
-su hedor todo lo impregna-.

Mientras los humanos
fuera sin madriguera.

Casa
ni del casero
ni de nadie
comida que se pudre
junto a quien muere
de hambre.

Es casa hueca, no musa,
muda del eco eunuca
-lo inerte no reivindica-.

Los humanos de fuera
sin madriguera, tampoco.

Lo inerte no reivindica:
en silencio se hipoteca.

ALMA AGUADO CALVO