Su dolencia, desde que la conocí, era el cuello. Un fuerte dolor que le atravesaba las cervicales, extendiéndose a toda la espalda, riñones incluidos. Y le abarcaba la cabeza. Lo que influía no, solo en su estado físico y su carácter, sino también en su salud mental. Mi mayor preocupación era que, cuando se pasaba temporadas sin verme, una visita a su lejana familia o un viaje inesperado en mi trabajo, mejoraba considerablemente. La solución definitiva, espués de varias consultas, la encontramos en un libro, cuanto más voluminoso mejor, y que para besarme se subiera en él.

JORGE FERNANDEZ BUSTOS .Armilla,(Granada)