Cuando iba el otro día en el tren me erguí de pronto feliz sobre mis dos patas y empecé a manotear de alegría y a invitar a todos a ver el paisaje y a contemplar el crepúsculo que estaba de lo más bien. Las mujeres y los niños y unos señores que detuvieron su conversación me miraban sorprendidos y se reían de mí pero cuando me senté otra vez silencioso no podían imaginar que yo acababa de ver alejarse lentamente a la orilla del camino una vaca muerta muertita sin quien la enterrara ni quien le editara sus obras completas ni quien le dijera un sentido y lloroso discurso por lo buena que había sido y por todos los chorritos de humeante leche con que contribuyó a que la vida en general y el tren en particular siguieran su marcha.
Augusto Monterroso,
Cuentos, fábulas y lo demás es silencio

4 abr 2008 | 09:22 AM
Muy bonito Fer
kisses
4 abr 2008 | 11:24 AM
y cuantos se quedaran asi, sin ser reconocidos,...menos mal que seguramente ser y estar ya fue su mayor reconocimiento personal.
besos