I
Espera, espacio al que nacemos,
codicia de las aguas que al prevenirnos
nos obliga a imitar las ciudades
que erigen muros de contención
y puentes cruzando esos muros
aún después de largos años de calma.
El cálido sur hacia mí
impone esa barrera
y el sur-a-mi o la devastación
que arrastra la quietud.
Diez metros de piedras levantadas
no nos protegerán.
En fila india para morir.
II
El tsunami acerca peces a la tristeza
y fija tres palabras: el mar mortal.
Casas, personas, animales y aceras
son vacío.
Se deja de sostener una mano
y los sueños que aún la significan
desean aclimatarla a la temperatura de la vena.
Tsunami, suspiro del agua,
de urgencia y desolación
el primer sueño antes del desorden,
viaje alterado.
Más tarde en callejones y pasajes,
en casas derruidas, bajo las piedras
y las lenguas se impulsa un lento viaje:
la fusión íntima con la noche, un descanso.
Despobladas lágrimas donde los peces son más fríos
y el pesar anima el cerco,
como un hueco deja intacta la transparencia
de la mano que no conseguimos despedir.
ROSA LENTINI
(De El sur hacia mí, Igitur, 2001)

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