El perro de mi novio se llama Pedro.
El perro de mi novio es un baboso insufrible. Pierde más pelo del que tiene y le sobran algunos quilos.
El perro de mi novio es un vago incurable.
El perro de mi novio es un golfo insaciable que persigue todo aquello que huele a hembra de un modo sistemático, olvidándose inmediatamente de mí.
Me mira con sus grandes ojos marrones como única disculpa, quieto, sin articular palabra. ¿Qué me estás contando? Le respondo yo.
Es incapaz de hacer ningún trabajo de la casa y, cuando vamos de viaje, sólo pone pegas.
Pero es dulce y mimoso, el muy zorro. En las excursiones y acampadas se cuela de noche en mi saco de dormir como un bandido de novela rosa. Pega su cuerpo al mío y pasamos toda la noche moviéndonos porque el muy truhán es amigo de posturas difíciles.
Cuando le veo con su cabezota en mi pecho y con su cola tiesa y erguida le digo: "Eres un buen perro". No puedo resistirme a sus encantos. Cuando jadea tiene un algo.
Por si esto fuese poco, no para de ponerme en situaciones difíciles delante de la familia.
El perro de mi novio es un veneno muy dulce.
Quiero a mi novio, pero si algún día nos separamos me pienso quedar con su perro.

DOLORES FERRER