Bernardo frenó y salió para cerrar el garaje. No le vio venir, de repente lo tenía al lado.
- ¿Te interesa?
Con el susto, Bernardo no entendió.
- ¿Qué dices?
- Si te interesa una de estas, digo. Regalada.
El muchacho sostenía una cámara digital pequeña como la palma de su mano.
“Nos vendría bien en el estudio. Aun teniendo dos nos quedamos cortos”. Bernardo arrugaba el morro. “Estás majara. Tu muje es policía. Como sepa que compras género robado, te mata”.
- ¿De dónde ha salido?
- ¿De dónde? Esta se acaba de caer del camión.
- Robada.
- A ver tío ¿qué me estás contando? – estaba perdiendo la paciencia - ¿Tú sabes mi nombre? Yo tampoco sé como te llamas tú. Me das el dinero, te doy la cámara y adiós.
- ¡Bernardo! – Carolina, su mujer, desde el coche - ¡Llego tarde!
- No interesa, gracias.
Corrió al coche y arrancó.
- ¿Y ese?
- Quería dinero, para comer, decía, pero le olía el aliento a vino.
Por la noche al volver a casa, Carolina ya estaba allí.
- ¡Hola guapo! Estoy en la cocina. Tienes un regalito.
Encima de la mesa del despacho estaba la cámara de aquella mañana. Carolina sonaba desde la cocina.
- Hemos detenido a un chaval que llevaba cinco encima. Con mi compañero hemos pensado que quienes éramos para desperdiciar la oportunidad. Total, una para él, una para mí y tres para comisaría. Para el estudio te vendrá bien. ¿Te gusta cielo?
DEBORA CASTILLO

24 jun 2008 | 10:30 AM
un abrazo amigol
24 jun 2008 | 06:25 PM
Panita
Por supuesto que fue una sorpresa para Bernardo.... la misma cámara y gratis.....
Besitos angelicales......