
Estaba sentada en el suelo de la cocina, se tocó los labios y los notó húmedos, se miró la mano, sangre. Le dolía el hombro, la espalda y la vida. Recordó las palabras que le dejó antes de salir dando un portazo. “Eres mía, mi amor”. Cuando volviera le pediría que lo perdonara y la besaría. Se levantó lentamente y fue al dormitorio, se puso su abrigo. Metió la mano en el bolsillo y tocó un papel. Se dirigió a la puerta, la abrió y salió a la calle. Aquella tarde no habría perdón.
Regina Rodriguez Cárdenas 3º E.S.O C

23 jul 2008 | 04:23 PM
breve e intenso relato.
tal vez sirva para algo, o sirva el papel en el bolsillo del abrigo, o tal vez sea el grito contenido en el alma, lo que la empuje a andar y no volver la vista.
un saludo fer.
23 jul 2008 | 10:10 PM
Para que añadir más....muy claro. Un saludo
24 jul 2008 | 06:58 PM
b-u-e-n-i-s-i-m-o
besico pa ti