El hombre bala ha muerto. De un solo disparo. Ella estaba allí cuando sucedió. Necesitaba sentir la tensión en la garganta al verlo salir proyectado de la crisálida de acero. No podía evitarlo. Su vida, sin riesgo, no era nada. Pero tenía miedo a la altura. A la velocidad. Al dolor. Así que encontró el placer de disfrutar del peligro que los demás se atrevían a correr. Iba todos los días a dibujar con la cabeza, desde su asiento de tercera fila, la parábola perfecta que el hombre bala perfilaba en el aire. La culminación llegaba cuando alcanzaba el punto de inflexión, quedaba suspendido por unos instantes y todo parecía detenerse. También lo hacía el tiempo, hasta que la gravedad decidía resolver la duda y el hombre bala, Ícaro sin alas, caía al fin en el mar de aplausos.Ayer, desde la tercera fila, alguien del público disparó al hombre bala antes de que finalizara la ascensión. El hombre bala murió. De un solo disparo.

BELEN NIETO