Cuando sentí el tamborileo en los cristales me revolví con rabia entre las mantas de lana y fingí seguir dormido. Allí estaba ella otra vez haciendo piruetas con su escoba en la ventana; agujereando los nubarrones con el palo retorcido de su estúpido artefacto y llenando el cuarto de un espeso olor a huevos putrefactos. Alana era así, una bruja al estilo clásico, seguidora a rajatabla de todas las tradiciones propias de las criaturas envueltas en tratos con el íncubo, sin respeto por las modas ni el progreso. A Alana le gustaba avergonzarme sentándose a mi mesa o persiguiéndome a la carrera por los mercados y plazas con sus botas de punta vuelta, los jirones de tul negro tiesos de hollín y la nube amarilla que siempre anunciaba sus visitas. Los malévolos piensan que es el justo castigo a un pasado de frívolo aventurero, pero juro que si alguna vez disfrute de su envoltura fina y del roce de sus rizos de brea sobre mi pecho, eso pasó hace tanto tiempo que he perdido el rastro de su alma y olvidado hasta el aroma de su piel. Apenas consigo recordar entre brumas que entonces Alana vestía de organza perfumada, olía a Lavanda y sólo se paseaba en su escoba en la más estricta intimidad. Ahora me carga su silueta recortada en la luna llena, los aullidos de sus compinches o los ataques de tos cascada que retruenan en la noche cuando mastica ruda y belladona y, sobre todo, esa manía de merodear por la casa, flotando como una pluma o de aparecerse de repente en cada rincón oscuro de sótanos y buhardillas. Cuando se aburre hace crecer alas en los lomos de mis ovejas y tengo que bajarlas a balazos y pedradas. Agosta las cosechas, las gallinas ponen huevos con cáscara de cristal y el gallo despierta el día rebuznando como pollino enferno. Y yo enloquezco en medio de esta sinrazón, envuelto en ristras de ajo, ensalmos y amuletos, aunque la experiencia me ha enseñado que no hay talisman que valga contra el tesón y las malas artes de mi antigua compañera.
PILAR BLANCO LOPEZ

5 oct 2008 | 09:44 AM
es sencillo y humano, fantástico y cercano..,se lee sin pausa, como un cuento relatado íntimamente........una preciosidad de relato.
me encanta.
te deseo un feliz domingo..
5 oct 2008 | 10:12 AM
Jeje! Una bruja, sí señor. Buen relato.
A pasar bien el domingo!