Las palabras que escupe la vieja radio inundan el pequeño cuarto con una atmósfera triste e intemporal. La abuela Encarna, absorta, teje un grueso jersey de lana. Teje a pesar de su escasa vista, a pesar de que el jersey, cuando esté acabado, no tendrá dueño. No podrá regalárselo a su hijo, ni a su nieto, ni siquiera al locutor de la radio que pronostica que hoy hará frío. Está sola. Pero sigue tejiendo y tejiendo, como si con ello consiguiera ir bordando sus penas, zurciendo heridas abiertas y vistiendo dolorosos reproches.
Una melodía hortera acompaña el anuncio de una residencia de ancianos. "Aquí estará como con su familia. Residencias Jarama". Una falsa sonrisa se dibuja en su agrietada cara. Como con su familia dice… Hace años que dejé de tener familia –le replica a la radio. Retorna su vista al encuentro de las agujas y se acuerda de Carlos.
El pequeño Carlos, desde que aprendió a escribir, le mandó todos los meses una carta a su abuela. En ellas cuenta todo lo que hace en el colegio, las ganas que tiene de conocerla, y que él mismo ha hecho la cama de al lado de la suya para que cuando vaya a su casa, pueda dormir en su misma habitación. Pero la abuela Encarna sigue negando a su hijo. Niega todo lo que hay fuera de su casa, de su cuarto, niega las palabras que no salen de su vieja radio y de su vieja boca; se niega a ella misma. A pesar de ello, guarda todas aquellas cartas de su nieto, apiladas junto a los jerseys que ha ido tejiendo para él y la caja de metal con las fotos del pequeño y sus padres, antes del accidente.
Dando los últimos pespuntes a la manga, termina el jersey. Seguro que le quedará muy bien a Carlitos. Pero tendrá que venir a por él –piensa. Con fatiga se levanta de la mecedora y se dirige al armario para dejar el jersey junto al resto. En la vieja radio, el locutor repite que hoy hará frío.
ANGEL SALINAS SANCHEZ

16 oct 2008 | 08:00 PM
Que historia más triste..
Y lo pero, es que hay muchas personas mayores en su situación.
besitos y buena tarde.