"Como dos o tres personas han insinuado en diversas oportunidades que si yo escribiera una autobiografía la leerían cuando tuviesen tiempo, cedo finalmente a esta frenética exigencia del público y ofrezco aquí mi historia.
Nuestra familia es noble y antigua y se remonta a muchísimos años. El primer antepasado de quién tengan noticias los Twain fue un amigo de la familia llamado Higgins. Esto ocurrió en el siglo XI, cuando nuestra familia vivía en Aberdeen, condado de Cork, Inglaterra. La razón de que nuestra larga estirpe haya usado, a partir de entonces, el apellido materno (salvo cuando alguno, de tanto en tanto, se refugiaba traviesamente en un nombre supuesto, para evitar suspicacias), en vez de Higgins, es un misterio que ninguno de nosotros ha tenido mayor deseo de remover jamás. Es una suerte de vaga y bella novela y preferimos no tocarla. Todas las familias antiguas obran así.
Arturo Twain fue un hombre muy destacado, solicitante en la carretera en tiempos de Guillermo II el Rojo. A los treinta años de edad, aproximadamente, fue a un hermoso paraje de veraneo inglés, llamado Newgate (famosa cárcel londinense), para averiguar algo y ya no volvió. Mientras se encontraba allí, falleció en forma repentina.
Augusto Twain parece haber causado cierto revuelo alrededor del año 1160. Era un hombre muy alegre y solía afilar su viejo sable y después de escoger un escondite adecuado durante una noche oscura, atravesaba con él a la gente cuando pasaba, para verla saltar. Era un humorista nato. Pero llegó demasiado lejos con esto, y la primera vez que lo sorprendieron despojando a una de esas personas, las autoridades le quitaron uno de sus extremos y colocaron éste en un sitio alto y hermoso de Temple Bar, donde pudiera contemplar a la gente y divertirse. Ninguna ubicación le gustó tanto a Augusto Twain y en ninguna se quedó más tiempo..."

MARK TWAIN