Me acerco a la frontera. Voy caminando tranquilo. Veo la barrera levantada. La carretera está desierta. Anoche cruzaron los últimos compañeros. Hay un lejano rumor de motores a mi espalda. Llego hasta el elegante Hispano Suiza reclinado en la cuneta. El banderín oficial yace sobre el alerón derecho. La portezuela del chófer está abierta. Brillan al sol la pintura negra y los faros cromados. Se ha formado un charco con el lento gotear que escapa del motor.

El presidente ha dejado dos libros en su asiento. Contraataque, de Sender, en una rústica edición de fortuna. La vie des abeilles, del barón de Maeterlinck, con las iniciales M.A. estampadas en oro.

Se distinguen ahora los primeros camiones. Dentro de unos minutos ya estarán aquí. Tiro mi pistola sobre un montón de fusiles abandonados. Salgo de España con dos libros bajo el brazo

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Ignacio Vázquez Moliní