Aquel fin de año la convenció para que fueran los cinco a Courchevel. Le encantaba esquiar, sólo deslizándose suavemente por la nieve conseguía olvidar los problemas de la empresa y los gritos de su nueva mujer. Aunque a veces conseguía recordar el deseo de los primeros meses, su mal carácter a partir del embarazo habían convertido esa época en un espejismo que ahora dudaba si había existido. Planeó esos días con sus hijas mayores para que ella entendiese lo tranquilo que era su mundo antes de conocerla. Esperaba que la chimenea de la lujosa cabaña, la convivencia, el aire libre, causaran un efecto apaciguador en la relación y que sus hijas también empezaran a quererla. Nada más despegar y hasta que aterrizaron el pequeño lloró a voces tocándose las orejas. Pero al llegar la nieve estaba magnífica y en la primera bajada se sintió eufórico, las cosas por fin iban a funcionar. Aunque últimamente apenas había visto a sus hijas, estaban sonrientes y simpáticas. Parecían ir acostumbrándose a verle junto a ella. Después de cenar, encontrándose generoso, propuso el juego: -El año que viene lo pasaremos donde queráis. Vamos a escribirlo y ponemos los deseos en una caja. El sitio que salga, por distante, por caro que sea, será al que vayamos todos juntos. Dejad volar la imaginación. Veréis que bien lo vamos a pasar. El pequeño sacó el papel y ella leyó en voz muy alta lo que había escrito una de las hijas: "El próximo fin de año quiero pasarlo con Mamá" MARIA TENA

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