Había un murmullo de estaciones.
Y en aquel viaje sin retorno
mira tú si ladraba al Párkinson,
a pesar del desgobierno.

Había un murmullo de estaciones.
Y la intuición, de puertas abiertas,
barría una tarde de abstraciones,
de ausencias y cristales.

Era abrir los ojos,
y acudir el relámpago
para oscurecerlo todo.

Llegaste a ser
un palacio lleno de patios secretos
con galerías de bronce...

(Se arrastraba demasiada vida en los ojos,
entre cucharadas de silencio.
Menos mal que las hojas
hilvanaban la realidad).

LOLA CRESPO

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