Miras al techo de tu habitación con los ojos achinados, hinchados de sal e impotencia. Los goterones resbalan por tus mofletes y se cuelan en las orejas. Eres todo narizota roja y cara congestionada. Ha pasado el tiempo, has madurado -o al menos te has hecho mayor-, pero sigues teniendo la misma forma de llorar. Ridícula. Estais condenadas a no entenderos. A haceros daño sin miramientos. A no asumirlo nunca y a creer que, en el fondo, algún día cambiarán las cosas. Pero no lo hacen... y otra tarde más te desplomas sobre la colcha con un bloque de hormigón sobre el pecho, con una orquesta 
Nunca verá más allá de lo que quiere ver. Y tú, tú hace tiempo que no sabes cómo ajustarle las gafas. Has tirado la toalla, te odias por ello y mientras, de nuevo, las lágrimas se cuelan por el agujero de tus orejas, vuelves a escucharlo.
...."esto va a acabar mal".
Ya lo ha hecho.

18 dic 2008 | 11:19 AM
Buen dia Fernando.