Los Reyes Mayos estaban por las calles de Alcalá. Desde el balcón divisé el carruaje donde iban Melchor, Gaspar y Baltasar. La gente aplaudía. Y ellos, engalanados con sus trajes, tiraban caramelos a la multitud a su paso. Esa noche mi madre me dijo que me fuese temprano a la cama. Quizá al día siguiente tuviese junto al árbol un sinfín de regalos. A eso de las doce me desperté, alertado por algún ruido procedente del salón. Y vi a una mujer con el pelo recogido, colocando estratégicamente lo que yo había pedido por carta a los Magos de Oriente. Aquel día se difuminaron para siempre los Reyes. Esa noche dejé de ser un niño para convertirme definitivamente en un adulto.
RUBENGOLE

4 ene 2009 | 11:15 AM
A mí me tocó decirle...se empeñaba en seguir creyendo en los Reyes Magos....
Es una lástima notar que se hacen mayores...pero así debe ser.
besitos guapo