
Un rey tenía un hijo llamado Phul. Este hijo, un día, penetró a caballo en un bosque enorme. De pronto, todo lo que había en el bosque se transformó en flores. Solamente el príncipe y el caballo permanecieron príncipe y caballo . . . Al volver al palacio, Phul contó el prodigio a su padre, quien no quiso creerle y lo reprendió por haber mentido. Llamó al pandit real y le ordenó leer al príncipe anécdotas y máximas contra la mentira. El príncipe, sin embargo, se obstinaba en pretender que había dicho la verdad. Entonces, el rey congregó un ejército y partió para el bosque. Allí, en un instante, se convirtieron todos en flores. Pasó un día. Luego el hijo juntó los libros de anécdotas y de preceptos y se fue al bosque, arrancó las páginas y las dispersó a los cuatro vientos. A medida que las hojas se diseminaban, los soldados del rey resucitaron, y el rey también.
MIRCEA ELIADE

25 mar 2009 | 07:47 PM
La confianza es indispensable... Sin ella desaparecen muchas virtudes... la tolerancia... el respeto mutuo... la empatía... etc.
Un cuento que da que pensar. Un beso.