Al principio solía agitar mi negra toga de

forma casi imperceptible, en el estrado,

cuando nadie me miraba. Después fui perfeccionando

la técnica sin tanto disimulo:

caminando por el Juzgado, y también por

la Audiencia entre apelación y apelación,

agarraba los lados de la toga y aleteaba enérgicamente.

Empezaron a mirarme de reojo.

Después arreciaron los comentarios: "mariposón",

"trastornado". Me daba igual. Nada

me impediría cumplir mi misión. Y aunque

para un gourmet como yo incluso en crisis

sea duro alimentarse mediante suero, ha

merecido la pena por leer el titular del periódico:

"BATMAN EXISTE Y ESTÁ EN

NUESTRA CIUDAD. Anoche numerosos

testigos le vieron saltando entre los tejados".

El problema es no poder pasar las

páginas. Pero la enfermera dice que cuando

me quiten las escayolas podré hacerlo

yo mismo. Entonces, miro por la ventana

a mis desamparados conciudadanos, sonrío

magnánimo, y pienso: "volveré, y os

protegeré, mis niños"

Manuel Molina Domínguez