Había una vez trescientos cerditos que luchaban porque Esparta no quedara capturada por los chinos. Pasaron llanuras y montañas hasta encontrarse con miles de chinos. Cuando fueron a luchar sólo acabaron luchando tres cerditos, cada uno con su respectiva casa: el cerdito uno, de chapacumen, el cerdito dos, de hojalata y  el cerdito tres, de papel "Albal". Los chinos apedrearon sus casas, que cayeron y mataron a sus dueños en el acto. Pero, despistados, los miles de chinos pisaron sin querer el chapacumen, que partió y les hizo resbalar envolviéndose en papel "Albal" y deslizándose con la hojalata por un enorme barranco y, así, tres mil doscientas veinticinco milésimas de segundo después, los chinos perecieron dejando los cadáveres de los trescientos cerditos de pie. Estos siempre se reirán viendo desde el cielo que sus casas fueron las que ganaron la guerra.

 

 

Antonio Miranda López - 2º ESO B