Sonaba el teléfono. Ring.

Una segunda llamada, más alta, cercana, imperiosa. Riiing.

Tres, cuatro, cinco llamadas, cada vez más sonoras, perforándome el oído, una urgencia de decibelios al alza que parecía generarse aquí, al ladito de mi tímpano. Riiiiiiing.

Tras la sexta llamada, el teléfono irrumpió en el salón como una locomotora, destrozando el mobiliario y pasando por encima de mí hasta quebrar mis huesos para perderse su sonido estridente, su histeria de prisas allá fuera, en la calle. (Ring)

MIGUEL ANGEL ZAPATA