Estudiantes de estética:
demasiado atractivas para el colegio
demasiado bajitas para la pasarela.
Se fuman un cigarro en la esquina
donde da el sol, llevan gafas de marca
y el pelo lustrado con champús de la Escuela.
Trapichean con farlopa,
se quedan "un poquico p'al domingo",
exigen altavoces en el coche
para el sexo y ya saben
que lo único propio que tendrán en sus manos
va a ser el contenido del estómago
antes y después de su ingesta.

A los cuarenta todavía
tenemos cara de niñas.

CRISTINA MORANO