Las risas callan. Habla el silencio. Solo. Tercer día. Hoy sí. Te acercas a la curva. El sol te ciega un segundo. Rostro serio. Respiras despacio. Giras a la derecha. Veinte metros. Tu tienda. Te apoyas. Sueltas y atas la zapatilla derecha. Dos veces. El pastor calienta a tu lado. Te acuerdas del Santo. Cruzas miradas sin ver. Das un par de saltos. Disimuladamente estiras un poco el tobillo. Brazos en jarra. Sabes que no es por calentar. Son los nervios. El miedo. Mucho. Respiras despacio. Más profundo. Ya no puedes salir de ahí. Un cohete. Aguantas. Muchos corren. Aguantas. Segundo. Aún no. Aguantas. Te pones en el centro. Empiezas a moverte. Miras atrás. Todo se acelera. Los ves chocar. Gritos en los balcones. Ahora. Corres. Miras atrás. Corres. Te agarran. Empujas. Miras adelante. Corres. Te empujan. Te pasan. Ahí está. Uno. Solo. Detrás. Negro. Corres. Tres metros. Cuatro. Cinco. Un empujón. El suelo. Te tapas la cabeza. Quieto. Ruido. Más quieto. Te pisan. No sientes. Más ruido. Gritos. Un brazo te toca. Estás bien. Puedes levantarte. El blanco ahora es negro. No hay rojo. Jadeas. Llegas al vallado. Respiras. Caminas. Mañana volverás. Y de blanco. Y de rojo.

IGNACIO NAVARRO