No hubo una sola huella que dejó sobre alguna superficie, el muñeco-felpudo que adquirió en ese canal de ventas por televisión desquitó cada centavo pagado, lo mejor era que también funcionaba como aspersor y neutralizador de olores. Bueno, lo del aspersor seguro algún día le sería útil. De momento la desaparición de sus huellas dactilares y la anulación de su aroma femoronal en la escena del crimen era suficiente. No iban a relacionarlo con los llamados monstruosos crímenes que asolaban últimamente esa parte de la ciudad. Mientras guardaba en una bolsa de basura, los miembros de la criatura albina que había destazado con los restos del empaque de vidrio en que venía el felpudo, djevful silbó suavemente. Le gustaba empezar bien el día.

MALBICHO