Me veo a mí mismo en la playa con un autodefinido-reto sobre mis doradas rodillas. El bic azul de toda la vida en la mano levemente húmeda por los rigores de mi viejo amigo Lorenzo y las risas de los niños recorriendo los porosos corredores en los castillos de arena.

Tres letras vertical. Hogar. Y otra vez están aquí esas palabras con las que uno sólo puede cruzarse entre sopas de letras, bolígrafos callados por el calor y marcapáginas improvisados.

LAR. Le respondo yo impertinente. Y él me mira desde sus casillas blancas con una sonrisa pintada de BOCA (Por ella muere el pez), PECAS (Salpican los rostros rubios y pelirrojos) y DIENTES (Sufren las antiestéticas caries).

Miro al mar por encima del papel y vuelvo a encontrar las palabras perdidas (junto a los sueños perdidos) en la última página de un cuadernillo cualquiera de pasatiempos.

GILLERMO GARCIA RODRIGUEZ