Un beso transmite más de 250 gérmenes potencialmente patógenos. Lo he leído en la prensa, no creas que me lo he inventado. Un beso con lengua, se entiende. Al tío del estudio -porque el artículo iba sobre uno que le ha dado por hacer una tesis sobre el morreo-, al hombre ese había que darle unas hostias, porque ya me dirás con qué intención puede alguien afirmar tranquilamente algo semejante. Mala, está claro. ¿Qué pretende? ¿Será una conspiración para evitar el contacto físico? Que la gente se bese sin lengua no es aceptable. ¿Qué sería lo siguiente? Éste va a ser un talibán metido a científico, o peor, un yanqui puritano de los que bendicen la hamburguesa antes de meterla en el microondas. Seguro que no tarda en proponer el uso de un condón para lenguas asépticas que besan seguras. Además, no me parece tan grave. Yo te paso 250 gérmenes de los míos que son de confianza y tú me pasas 250 de los tuyos. ¿Dónde está el problema? Tal vez el tío no se quiera desprender de sus microbios. ¡Zoofilia, que es peor! Además el sexo, si no es sucio, ni mola ni es bueno de verdad. ¡Joder! Si los bocatas de sabor más exquisito, toda la vida, los han puesto en las tabernas con las moscas más grandes. Algo tendrá que ver. Yo creo que los gérmenes contribuyen al sabor.

RUBEN G.

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