
yo era una niña
mi primer poema retumbaba
en las orejas de mis vecinos
como un vendedor callejero
todo lo que nos sirve
se extiende sobre la lengua amplia
y puntiaguda de la tarde
si hubiera habido agua para lavar
la melena sedosa del sol
la urdimbre de orfebrería que el deseo
acantonó en plazas de una existencia
inmóvil
ah muslos de las dunas deshojadas
atravesar el denso tapiz de la neblina
que las palmeras impregnan
de una incomprensible laboriosidad
que aqueja
volarle los sesos a la luna
es verdad
no había agua para regar un jardín
el desierto era aquella humanidad
y el polvo
que mi madre empuja con la escoba
ROXANA CRISOLOGO
Ediciones Flora Tristan
(Lima, 2006)

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