- Hola papá, soy Valeria, tu niña valiente... No sé cómo decirte todo lo que tenía pensado,... no es fácil estar aquí, ante tu tumba. Sabes bien que ya he venido antes pero nunca he estado, no quería estar porque no sabía cómo estar,... y hoy sigo sin saberlo pero nos merecemos estar juntos otra vez. No sé por dónde empezar, no sé por qué estoy llorando, ya hace 33 años, ya debía haberlo asumido pero nunca pude, no me merezco ser tu niña valiente. 
     Tengo pocos recuerdos de cuando era niña pero recuerdo un día en casa, cuando aquel señor te preguntó cuál era tu trabajo y tú contestaste lleno de orgullo que eras picador, y yo me sentí aún más orgullosa de ti porque como tú lo dijiste parecía que era la profesión mejor y más importante del mundo. ¿Sabes? Mamá me explicó que esperabais un varón y que se hubiese llamado Valentín y como fui una mujer, tú elegiste Valeria. Ella se afanó en que yo no olvidara que con el mismo orgullo que gastabas cuando se trataba de tu profesión, decías cuando te preguntaban mi nombre, "Valeria" y como si fuera mi apellido añadías "mi niña valiente". 
     Yo no me merezco ser tu niña valiente, no por el hecho de que no pueda dejar de llorar cuando por primera vez me estoy sincerando contigo sino porque nunca tuve la valentía de ser yo misma, no soy valiente para la gente que me rodea, ni tan siquiera para mi propio hijo... Se llama Juan, como tú y se parece a ti. En noviembre el curso de Juan tenía una visita al Museo de la Minería y desde el colegio pidieron que los padres que quisiéramos acompañásemos a los profesores como monitores. Juan me insistió mucho para que yo fuese, es tan cabezota como tú, pero yo me inventé mil excusas para no ir, perdóname papá, yo no quería estar en un entorno minero otra vez, no sé si no quería o no podía, pero es que no quiero oír hablar de la mina, no puedo oír hablar de esa maldita cueva negra que me quitó a mi padre, y me siento mal por ti porque no debería sentir esto hacía lo que tú amabas. 
     Papá, yo sé que Alfonso era tu mejor amigo, sé que cuando erais pequeños siempre estabais juntos aunque para su familia tú eras el niño pobre y él el niño rico, y sé que intentasteis mantener la amistad cuando crecisteis, y sé que cuando se convirtió en patrón tú trabajabas aún más duro porque él estuviese a gusto, pero es que no puedo evitar sentir asco cuando lo veo, no puedo ver su cara sin recordar el rostro de fastidio que puso cuando te sacaron muerto y dijo "ya perdimos a otro". 
     No soy tu riña valiente, papá, no puedo evitarlo,... cada tarde de Reyes a las siete..., no puedo evitar llorar cuando se habla de accidentes mineros, ni de derrabes, ni de la Primera... Generala Derecha... de la tercera planta... del Pozo María Luisa... 
     - Disculpe, señora, ¿se encuentra bien? 
     Valeria miró a aquel hombre que había puesto la mano en su hombro aquella tarde del 6 de enero de 2005 en que ella por primera vez en 33 años volvía a estar junto a su padre después de 33 años. Le miró con respeto agradecido y exultante de una nueva paz interior replicó un profundo y honesto: - Mejor que nunca.

IRMA FERNANDEZ VAZQUEZ