
Me gusta asomarme al ventanal
contemplando
como la lengua de bruma
se hace paso por la bahia y ocupa
esta playa
tan familiar y tan extraña.
Entre mis ojos y el horizonte
ese espacio temblado de niebla
desdibuja tejados y farolas
y llena una mar
del manto de la irrealidad.
En la certeza de la niebla
el recuerdo de los que nos dejaron
forma parte del difuminado dia cierto
en el regreso de un barco a sus norays.
Fernando

Los comentarios están cerrados