Mi padre está viejo
por dentro y por fuera
viejo.
No hay palabras que le complazcan
ni bromas que le despierten la carcajada,
no hay bufón
ni chiste
ni palmas,
últimamente no hay nada.
Y es que mi padre está viejo
por dentro y por fuera
viejo.
Lleno de cieno
de amargura
de desmemoria
de arrugas,
arrugas como cicatrices
como líneas de carretera vieja
marcadas de lluvia
de sol
de tiempo,
cada una con nombre y apellido
cada una con un año escrito
uno tras otro,
escrito y borrado.
Mi padre se rasca la cabeza al mirarme
ráscamela a mí, le digo,
como cuando era chica.
Ráscamela a mí, y luego
me besas en la frente...
Nunca me he llevado bien con mi padre.
Casi lo había olvidado.
Pero, ahora no importa.
Ahora sólo pienso que
mi padre está viejo
por dentro y por fuera
viejo.
NURIA MEZQUITA
Carboncillo de YOLANDA ESPADA MADRAZO

6 oct 2009 | 02:08 PM
Fernando, que poema más triste. Que triste la vejez sin alegrias. Pero hay otros viejos que suman las caricias dadas con los besos recibidos, y aunque las arrugas cuenten los años pasados cuentan tambien las primaveras. Habra en su vida muchas noches, pero también muchos amaneceres.
Voy camino de a vejez, pero intentare que no sea también el camino de la amargura.
Puedo permitirme perder muchas cosas, la viveza de movimiento, pero ruego que me queden los recuerdos y la alegria.
Los recuerdos de los momentos felices, aderezados con un poco de melancolia por el tiempo ido.
A.N.