
No sé qué ganaría yo con eso.
LLevo toda mi vida sentado frente a ti, desde mi más inocente adolescencia, cuando todo y nada eran lo mismo, cuando me ahogaba en un vaso de agua, cuando dolerse era frívolo y despertarse una aventura; en aquellos momentos, cuando la familia se apartaba y las inquietudes se volatilizaban nada más rozarlas, siempre tuviste un momento para mirarme a los ojos y preguntarme hacia dónde quería dirigirme.
Y ahora, mirando tu cuerpo amarillento y cristalino a través de este sucio cristal me digo a mí mismo que tengo que dejarte.
Pero no sé muy bien qué ganaría yo con eso.
BERBOTE

Los comentarios están cerrados