Discúlpame, pero primero de todo, voy un segundo a mi piso en el tercero, donde me dejé los cuartos... Y luego me tocará aparcar en el quinto pino, mi sexto sentido dice que el séptimo de caballería acaparó todos los sitios.
Mientras aparco, dicen en la radio que no llegamos a octavos de final, y que la famosa de turno está en el noveno mes de embarazo. Presto poca atención a la radio, pues siento unas décimas de fiebre. Me sucede lo mismo cada año, el undécimo día del duodécimo mes...
Como un copo de luz se alza la vieja iglesia. El cielo está manchado de negras alas rotas, los arbustos, ya ralos, donde, oscuros, los ángeles se esfuman. Miro todo igual que una lechuza, centinela del instante de vida en que vivimos. Atrás las luengas piedras que quedarán cansinas tras la noche en que el silencio ocupe cada sombra, cada beso, el silencio, cada deseo un sordo griterío de cieno. Sobre el oro que enmarca la portada, ya encendiéndose, una cúpula bruna señala hacia el vacío, los arbotantes abren, arcos de luz, sus arcos y el óxido desciende hasta opacar la sed de esa sonajería que seguirá doblando, después, bajo la lluvia.
DOLORS ALBEROLA
Fotografia."Lechuza en la fachada de la Catedral de Santiago de Orihuela
LLevo toda mi vida sentado frente a ti, desde mi más inocente adolescencia, cuando todo y nada eran lo mismo, cuando me ahogaba en un vaso de agua, cuando dolerse era frívolo y despertarse una aventura; en aquellos momentos, cuando la familia se apartaba y las inquietudes se volatilizaban nada más rozarlas, siempre tuviste un momento para mirarme a los ojos y preguntarme hacia dónde quería dirigirme.
Y ahora, mirando tu cuerpo amarillento y cristalino a través de este sucio cristal me digo a mí mismo que tengo que dejarte.